Mi casa: un palomar
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Biografía

Mi casa: un palomar

Nací en Ibagué - Tolima.

El piso frío de la baldosa me regocijaba, pues estaba tirado sobre él dibujando sobre un block las figuras de los cómics que venían con el periódico los domingos, el lápiz corría por todos lados y bailaba en forma desaforada, yo gozaba plenamente, no me interesa el transcurrir del tiempo y menos lo que sucedía a mi alrededor, y era mucho puesto que mis padres tenían un negocio de productos lácteos (leche y sus derivados), los trabajadores, y familia en general se mantenía muy activa - más de 15 obreros - me metía entre las ramas con Tarzán y Jane, fantaseaba con el Fantasma y con Superman viajaba a otros planetas, cabalgaba por esas inmensas praderas con Toro y el Llanero Solitario disparando balas de plata y con Opalong Cassidy sí que montaba a caballo : -es el primer recuerdo de mi infancia-; no sé porqué mi amor hacia el arte, pues mis padres Nicolás Rodríguez Peralta y Etelvina Ospina Lozano eran unas personas “prácticas”, es decir de negocios, para ellos darle de comer al espíritu era algo muy secundario, es por esto que a los 10 ó 12 años y desde que nos alcanzaran las piernas y pudiéramos divisar por el parabrisas la carretera nos enseñaban a manejar – pero en los camiones - , por eso esta necesidad del arte debo buscarla más atrás ,- en mi casa nadie pintaba- ojala la encuentre.

Aunque mi hermano mayor Álvaro cantaba y varias veces tuve el gusto de acompañarlo a la emisora “la voz del Tolima” con mis hermanos y hermanas en concursos de música vocal que allí se solían realizar. Soy el décimo de trece hermanos: Álvaro, Idalí, Ofelia, Miryan , Secundino, Clara Inés, Ángela, Amparo .Belisario ,Gonzalo , Herminia, Nicolás Eduardo y Soraya.

Mi casa paterna y también materna puesto que mi madre, una matrona, que también como mi padre tenía poder decisorio. era inmensa ( 40 X 80 mts.) , llena de matas y flores naturales colgando a lado y lado de las paredes , como era muy larga desde la entrada se veía como un inmenso jardín flotante que chispeaba luces multicolores a todos lados y regocijaba nuestras retinas, de puertas y techos altísimos , con palomos que volaban ,entraban y salían como Pedro por su casa sin ningún temor; más de 15 alcobas amplias y espaciosas, en ésta casona montábamos en cicla, corríamos y hasta jugábamos al escondite sin necesidad de salir de ella pues no tenía patio sino un solar del tamaño de cinco casas actuales.

Esta casa tan inmensa daba para tener mucha clase de animales: perros, gatos, loros y hasta una culebra cazadora – a la cual le teníamos mucho miedo, no sé quien ni cuando la trajeron; yo ávido de aprender de estos animales, los miraba y analizaba su comportamiento. a los gatos los tirábamos hacia arriba porque sabíamos de su agilidad y nos gustaba ver esas contorsiones que hacían para caer bien y sin ningún aparente esfuerzo, en una oportunidad pude observar todo el desarrollo de una cacería a un ratón: el gato durante más de media hora lo estuvo acechando –quieto e inmóvil , sólo su cola de derecha a izquierda se movía de una manera casi hipnótica - al salir el ratón se le abalanzó con un movimiento ágil y seguro agarrándolo por el cuello ,jugó durante incontables minutos con su presa , lo soltaba , lo halaba , lo dejaba correr un buen trecho y puesto que ya estaba lastimado no se le podía escapar , volvía y lo tumbaba hasta que ya se jartóde jugar con él y comenzó a devorarlo de una manera metódica : le clavó , ahora sí en serio sus colmillos en el cuello y comenzó su festín aterrador para mí - de todas maneras yo con mi corazón latiendo aceleradamente y con mis ojos desmesuradamente abiertos ,observaba – acostado en el piso como era mi costumbre-,conteniendo la respiración y absolutamente quieto ; el gato comía desde el cuello hacia abajo , con una gran calma y elegancia , no se untó de sangre ni siquiera el hocico y sólo dejó : la cabeza y las cuatro patas pero sólo donde correspondía a las uñas.

En nuestra casa siempre existieron perros grandes y muy escandalosos, claro que se mantenían de un genio tremendo y no era para menos pues como era de esas antiguas, frecuentemente aparecían alacranes a los cuales les quitábamos las ponzoñas y envueltas en carne se las dábamos a estos animales, ni siquiera me atrevo a pensar ahora el problema estomacal que le acarreábamos, pues claro no se aguantaban ni ellos mismos y perro que veían, perro con el que se agarraban.

Me acuerdo de una perra loba –inmensa y negra- que se mantenía con mi papá, una vez vinieron unos vecinos a avisarnos que fuéramos a recoger a don Nicolás pues se había caído, escalabrado, desmayado, hacía por lo menos media hora y este animal daba vueltas a su alrededor y no lo dejaba recoger de nadie.